Seguridad alimentaria y Mateo 6:11 : una perspectiva puertorriqueña ecofeminista

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Dra. Kelmadis Perez-Rivera

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Introducción

“La vida vale más que el pan, pero en ningún momento puede prescindir de él.”

-Leonardo Boff

Abuelo Yayín, mi abuelo materno, me decía de pequeña: “Tu comes para vivir, pero no vives pera comer.”  Desde niña he tenido esa preocupación por el acceso a comida fresca y saludable.  Los temas de seguridad y soberanía alimentarias están íntimamente relacionados, pero debemos alcanzar primero nuestra seguridad alimentaria para poder tener la tan necesaria soberanía alimentaria.  Este es el caso en Puerto Rico. Han sido años de lucha y arduo trabajo tratando de alcanzar ambas cosas.

Una de las situaciones de mayor riesgo que enfrenta Puerto Rico es la relacionada a la seguridad alimentaria. El gobierno y la iglesia han ignorado la situación por mucho tiempo ya. Si Puerto Rico aspira a tener su soberanía alimentaria, primero debe alcanzar su seguridad alimentaria. Cada año, durante seis meses, tenemos la temporada de huracanes. Además, estamos experimentando más temblores de tierra y los efectos directos del cambio climático. Al ser un archipiélago en el Caribe nuestros puertos marítimos y aéreos están susceptibles a todas estas cosas. Podríamos perder –y ya lo hemos experimentado antes– el acceso a los diferentes puertos después de huracanes y terremotos, haciendo una cruda realidad nuestra inseguridad alimentaria. Puerto Rico importa cada año sobre el 85% de los alimentos que se consumen en el archipiélago. Ninguna parte de nuestra sociedad puede seguir ignorando que tenemos derecho a la seguridad de “el pan nuestro de cada día”. En este sentido, hay un vacío de este tipo de análisis desde una perspectiva teológica, bíblica o eclesial para Puerto Rico.

“El Padrenuestro” puede servir de guía bíblica y teológica para que las iglesias puertorriqueñas puedan atender y responder a nuestra condición de seguridad alimentaria. El tema de “seguridad alimentaria” ha sido estudiado y analizado ampliamente por varios años y desde diferentes perspectivas. Más recientemente, se está tratando el tema desde una perspectiva teológica, bíblica, eclesial o espiritual. Aún así, este tema tiene un largo camino por recorrer, pero debe hacerse de forma urgente y responsable. Para este trabajo de investigación proponemos un análisis ecofeminista, social e histórico del pasaje bíblico en Mateo 6:11 y la situación en Puerto Rico. Existe mucha información sobre el Padrenuestro. Para el texto específico en Mateo 6:11, se ha escrito mucho sobre el adjetivo que tradicionalmente traducimos como “cada día” (έπιούσιον). Esta investigación no va a trabajar con el análisis gramatical ni textual de esta palabra, pero en cambio sí con el contexto socio-histórico del mismo.

¿Cómo estas palabras –“el pan nuestro de cada día, dánoslo hoy” – tienen que ver con la iglesia en Puerto Rico y la cuestión de la seguridad alimentaria? ¿Cuál es el rol de la iglesia con relación al problema de seguridad alimentaria del archipiélago? ¿Qué pueden hacer nuestras iglesias para ayudar a quienes sufren de inseguridad alimentaria? Estas son algunas de las principales preguntas de esta investigación, que deben ser contestadas y puestas en acción lo antes posible. Esperamos lograrlo a través de revisión de literatura y una serie de entrevistas que traigan esa conexión y contextualización con la realidad puertorriqueña.

Breve contexto histórico

Esta investigación necesita presentar un breve resumen de la situación de Puerto Rico con relación a la inseguridad alimentaria que estamos experimentando: ¿cómo llegamos aquí? Esta larga historia incluye los 529 años en que Puerto Rico ha sido colonia de España y Estados Unidos de América (EUA). Aun así, es nuestra costumbre evitar hablar de política (partidista o no), especialmente si concierne con nuestro estatus colonial. Pero esta realidad no se puede evitar más. No podemos pretender seguir tapando el cielo con una mano.

Durante el período de gobierno colonial español, entre muchas otras cosas, explotaron y esclavizaron la población Taína, quienes eran agricultoras diestras. En la sociedad Taína, eran las mujeres quienes realizaban el trabajo de sembrar, cultivar, cosechar y cocinar los elementos principales de su dieta. Los hombres se encargaban mayormente de la pesca y caza. El proceso de invasión, conquista, colonización y gobierno colonial español durante 405 años destruyó la forma de vida y cultura de la población Taína. Esos años la agricultura en Puerto Rico respondió a los intereses, necesidades y políticas públicas de la metrópolis española allende los mares. A finales del siglo XIX, España hizo unos cambios en su relación legal y política con Puerto Rico, muy tarde en el período colonial español del archipiélago. Estos cambios se concretizaron en la Carta Autonómica de 1897, en la cual España reconocía poderes autonómicos locales e internacionales de Puerto Rico4. En ese momento histórico, la gente en Puerto Rico y sus gobernantes tenían conocimiento y preocupación de la situación agrícola del archipiélago: sabían que tenían las habilidades, conocimiento y tierras suficientes para producir casi toda su comida. Pero, debido a la invasión militar de EUA el 25 de julio de 1898, pasamos de ser una colonia española a una colonia estadounidense.

Un 25 de abril de 1898, Estados Unidos le declaró la guerra a España, como parte de sus intereses de expandir su poderío político y económico. Esta guerra es conocida como la Guerra Hispanoamericana. La misma terminó el 10 de diciembre de 1898, cuando se firmó el Tratado de París y Puerto Rico pasó a ser oficialmente una colonia de EUA. Esta guerra y este tratado también afectaron los países de Guam, Cuba y Filipinas. Entre 1898-1900, EUA tuvo a Puerto Rico bajo gobierno militar, hasta que la Ley Foraker fue firmada. Se supone que la Ley Foraker estableciera un gobierno civil para Puerto Rico, pero la realidad seguía siendo militarmente diferente. Durante la Primera Guerra Mundial, se firmó la Ley Jones en 1917. Esta ley otorgó una ciudadanía estadounidense de segunda categoría, para que los hombres pudiesen ser llamados y obligados a participar de esta guerra y las subsiguientes: nuestros hombres como carne de cañón del imperio estadounidense. La Ley Jones también alteró el organigrama gubernamental, especialmente en la Rama Legislativa. Esta ley también le permitía al presidente y Congreso de EUA vetar cualquier legislación que se aprobara en Puerto Rico (como sucedió con parte de la Constitución del ELA). Todavía hoy, en 2022, el Congreso de EUA puede vetar –y lo han hecho anteriormente– cualquier legislación aprobada por el gobierno de Puerto Rico5.

La Guerra Hispanoamericana, la Ley Foraker y la Ley Jones (entre otras cosas, como la Ley de Cabotaje y la Ley PROMESA más recientemente) afectaron y afectan negativamente la agricultura y seguridad alimentaria del archipiélago borincano. Bajo el gobierno colonial de EUA se cambió lo que se podía cultivar en el suelo boricua y nuestra dieta, para obligarnos a depender de la comida producida en EUA e importada a Puerto Rico. Esos primeros años del gobierno colonial estadounidense determinaron que los cultivos principales en Puerto Rico iban a ser el café, el tabaco y la caña de azúcar. El tipo de prácticas agrícolas impuestas permitieron la erosión y agotamiento de nuestros campos agrícolas. La deforestación masiva cambió nuestro paisaje boscoso y agroforestal6. También fuimos afectados por un huracán mayor (San Ciriaco) en 1899 y por el terremoto de San Fermín (Mayagüez) en 1918.

Ese período de tiempo en que fuimos colonia de España, al igual que durante la invasión, conquista, colonización y gobierno colonial de Estados Unidos, los asuntos económicos y políticos en Puerto Rico respondían (responden) al interés del imperio de turno. Carecemos del poder político, legislativo y judicial para poder establecer un plan (política pública a largo plazo) agrícola estratégico que nos permita decidir nuestro desarrollo económico y garantice nuestra seguridad y soberanía alimentaria.

Ni la mayoría de la población ni el gobierno local había comprendido la importancia y urgencia de nuestra situación de inseguridad alimentaria hasta años recientes, especialmente desde septiembre de 2017. Ese mes Puerto Rico fue impactado por dos huracanes mayores. Cuando el país comenzaba a recuperarse de los efectos de estos huracanes, en enero de 2019, tuvimos una serie de terremotos. Durante el verano de 2019 paralizamos el país con una serie de protestas denunciando la corrupción gubernamental y exigiendo la renuncia del gobernador de entonces. En marzo de 2020 oficialmente llega el coronavirus (COVID-19) a Puerto Rico y con ello una serie de confinamientos (“lockdowns”) obligatorios. Toda esta serie de eventos evidenciaron el problema de seguridad alimentaria de nuestro archipiélago, especialmente en comunidades geográfica, económica y racialmente marginalizadas, además de la discriminación por género.

Por qué una perspectiva ecofeminista y otras definiciones

En esta investigación, el ecofeminismo es entendido como una herramienta de análisis que nos ayude a conectar la dominación, opresión y explotación de las mujeres y la naturaleza. El ecofeminismo también busca encontrar diferentes formas de terminar con ese patrón histórico de agresión hacia la naturaleza y las mujeres7. Pero, como nos propone Ivone Gebara, el ecofeminismo también es una actitud y una constante búsqueda de sabiduría en conexión con todos los seres vivos8. En su más reciente publicación, Céspedes Ulloa establece que el movimiento ecofeminista sacude fuertemente las referencias de nuestros paradigmas tradicionales y, para personas cristianas, también nos sacude la forma en que configuramos y vivimos nuestra fe9.

Para nuestros ancestros Taínos, el trabajo agrícola era hecho mayormente por las mujeres, la niñez y personas mayores. Desde el proceso de colonización española y estadounidense, el rol de la mujer cambió y se nos limitó y confinó al ámbito doméstico solamente. Ahora, para el esquema capitalista, las mujeres están atadas a la privacidad y al ámbito privado y están a cargo de la fusión de reproducción de la familia. Por estos trabajos no se recibe ningún tipo de reconocimiento ni remuneración económica, obligándolas a depender de los hombres que les rodean10. Recientemente, más mujeres están trabajando la tierra11, creciendo y procesando la comida, utilizando los conocimientos ancestrales y las técnicas de la agroecología, la agroforestería y permacultura. Aun así, experimentamos muchos obstáculos por las estructuras patriarcales del gobierno y la sociedad en general.

El análisis ecofeminista no se puede hacer solo. Se acompaña de otras formas de análisis social feminista, métodos feministas de interpretación, al igual que en los acercamientos hermenéuticos. Para esto, los trabajos de Ivone Gebara, Geraldina Céspedes Ulloa, Elisabeth Schüssler Fiorenza y tantas otras cristianas feministas juegan un papel importante en este trabajo.

Según Álvarez Febles12 y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés)13, la seguridad alimentaria ocurre cuando una población, región o país tiene acceso a comida en cantidad y calidad suficientes todo el año, para satisfacer sus necesidades nutricionales y asegurar un estilo de vida saludable y activo.

Para la FAO, la seguridad alimentaria tiene cuatro dimensiones: disponibilidad de alimentos, acceso a los alimentos, utilización de la comida y estabilidad a largo plazo en el acceso a los alimentos14.

Mientras tanto, la soberanía alimentaria es entendida como el derecho que tiene cada país y su gente a definir las políticas y sistemas agrícolas y de alimentación, incluyendo su producción y mercadeo local. La soberanía alimentaria también incluye los renglones y metas de sustentabilidad y manejo de los recursos naturales y productivos –incluyendo la tierra y material genético (usualmente es material genético ancestral y de herencia y no material modificado genéticamente) – y poder decidir hasta qué medida se quiere ser autosuficiente15. Para algunos movimientos en América Latina y Puerto Rico, la soberanía alimentaria hace énfasis en el derecho de las mujeres a tener acceso a todos los recursos que necesitan para producir alimentos y poder pelear contra el robo de tierras de las compañías agroindustriales y agrotóxicas internacionales16. Este enfoque en los derechos de las mujeres surge porque –irónicamente– quienes producen el 70% de los alimentos a nivel mundial son las mujeres y son las que están a cargo de alimentar a sus familias, son ellas las peor alimentadas. El patriarcado ha generado una feminización del hambre, la malnutrición y la inseguridad alimentaria17. Para alcanzar la seguridad alimentaria, es esencial la soberanía alimentaria y viceversa. Al mismo tiempo, poder alcanzar la seguridad alimentaria está relacionado con asuntos de justicia, equidad de género, empoderamiento de las mujeres y decisiones políticas radicales y acciones que enfrenten el cambio climático18.

El pan nuestro de cada día

Garantizar o tener acceso al pan nuestro de cada día ha sido una lucha constante por demasiado tiempo y la situación ha empeorado en la última década, especialmente para las mujeres. A veces, en nuestras oraciones, pedimos por el pan nuestro de cada día, como aprendimos de esas palabras del Padrenuestro desde nuestra niñez. Más recientemente, también pedimos al gobierno (local y federal) por el pan nuestro de cada día: uno que pueda satisfacer lo que propone la definición de seguridad alimentaria ya discutida. Pero, primero echemos un vistazo al contexto social y económico en que la oración de “el Padrenuestro” fue dicha.

El pan nuestro de cada día –la situación de seguridad alimentaria en tiempos de Jesús

Primeramente, debemos reconocer y entender la distancia social y temporal que existe entre el contexto del Padrenuestro y el nuestro. La distancia social incluye diferencias fundamentales de las estructuras sociales, los roles de género, valores y criterios culturales generales19, al igual que los paradigmas de estos contextos en el Nuevo Testamento y el nuestro. Como lo explican Malina y Rohrbaugh, esta distancia social, conceptual y temporal afecta significativamente nuestra habilidad para leer y entender la Biblia20. Por eso es tan importante poder repasar brevemente algunas de estas diferencias y así poder entender un poco la situación de seguridad alimentaria en los tiempos de Jesús y del por qué pedían por su pan cada día.

El análisis gramatical y textual del texto bíblico en Mateo 6:11 no es nuestra prioridad en este trabajo. Aun así queremos mencionar unos detalles importantes de este conocido pasaje. Boff21, Luz22 y Hagner23 establecen que hay varias formas de interpretar el adjetivo griego έπιούσιον, que tradicionalmente traducimos al español como “diario” o “de cada día”. Todavía existe un gran debate en la forma de traducir e interpretar esta extraña palabra24 del griego neotestamentario. Algunas de estas interpretaciones han espiritualizado la oración el Padrenuestro25, lo cual ha provocado que este pasaje en Mateo 6:11 sea malinterpretado desde el contexto social en que esta oración fue enseñada. En uno de sus libros más recientes, Boff explica de forma hermosa y sensible cómo convergen la relación que existe entre el reino del cielo –la causa del Padre—y el pan nuestro de cada día –la causa humana26.

Algunos de los contextos sociales de la época de Jesús implicaban contextos de hambre e inseguridad alimentaria, así como establecen Malina y Rohrbaugh27 y explica Nabhan28.

Aunque el bien explicado trabajo de Davis29 está basado en los diferentes contextos presentes en las narrativas del Antiguo Testamento, el contexto agrario-social de inseguridad alimentaria de los tiempos de Jesús no eran muy diferentes a los de sus ancestros30. Aunque ahora no nos lo parezca, el paisaje semiárido de Galilea era uno poblado31, una de las muchas sociedades agrarias de la época, en que el 90% de la población era rural; mientras tanto, en las sociedades industrializadas, más del 90% de la población es urbana32. En aquel momento histórico, la gente en Galilea estaba sufriendo las consecuencias de una crisis agraria que había devastado el Medio Oriente y le había expuesto a la pobreza, el dolor y la opresión. Mucha de la gente campesina fue sacada de sus tierras, enfrentando inequidad en el acceso y en la producción de comida, obligándoles a mendigar, a ser cobradores de impuestos o a la prostitución33.

En ese contexto socioeconómico de escasez y opresión Jesús vivió y llevó a cabo su ministerio. Él estaba preocupado por la dimensión celestial y trascendental de los seres humanos. Así mismo, Jesús se inquietaba por la dimensión terrenal e inmanente que mira a la tierra, sus habitantes y al pan de todos y para todos34. Nabhan lo explica de forma muy coloquial: “Jesús llevaba a cabo su misión de forma intencional entre las pandillas más diversas: carroñeros sin hogar, trabajadores agrícolas migrantes, espigadores itinerantes y aquellos que aparecían de la nada para ayudar a destripar el pescado que llegaba de la pesca del día. …En cuestión de una generación, la gente galilea vio cómo se le quitaba dos terceras partes de su pesca en el mar y de sus cosechas para mantener una elite urbana y una aristocracia aún más lejana35. No en vano pedían el pan de cada día.

El pan nuestro de cada día –la situación de seguridad alimentaria en Puerto Rico

El acceso a comida en cantidades suficientes y de calidad durante todo el año, para satisfacer las necesidades nutricionales y asegurar un estilo de vida saludable y activo que propone la definición de “seguridad alimentaria”, no es una realidad para las mujeres en Puerto Rico, especialmente para aquellas pobres y jefas de familia. Aun ante el gran esfuerzo de varios grupos y organizaciones feministas, que han trabajado constantemente contra la inequidad (incluyendo programas educativos, denuncia de injusticias, trabajo legislativo y más), nosotras,las mujeres y femmes puertorriqueñas, enfrentamos en todos los niveles los tres eventos históricos que expusieron claramente nuestra susceptibilidad a la inseguridad alimentaria en la población femenina del archipiélago boricua: huracanes del 2017, terremotos del 2019 y la pandemia del covid-19.

Tan reciente como este verano, el documental “Serán las dueñas de la tierra”, expone las realidades de tres jóvenes agricultores y los problemas que enfrentan tratando de alcanzar nuestra seguridad alimentaria36. Un poco más temprano en el año, varias organizaciones y gente experta en el tema, denunciaron –otra vez—la inacción y actitud negligente de algunos empelados, oficiales y agencias gubernamentales en cuanto al uso de tierras públicas y agrícolas y su relación con nuestro problema de seguridad alimentaria37.

La situación de seguridad alimentaria en Puerto Rico es multisectorial. No solo envuelve nuestra situación política (estatus y relación) con los Estados Unidos de América, sino que también incluye aspectos agrícolas, ecológicos, de salud pública, desarrollo económico, asuntos de género y el cambio climático38. Por eso Collazo y García Santos establecen que lo más consistente de las políticas agrícolas de Puerto Rico entre 1900-2021 es la inconsistencia e incongruencia. Hacen énfasis en cómo las depresiones económicas, guerras, huracanes y pandemias como la de covid-19, afectan negativamente la cadena de importación de alimentos y nos hacen recordar nuestra producción agrícola e historia de seguridad alimentaria. La inconsistencia e incoherencia de las políticas agrícolas han convencido al gobierno que la solución es mantener la cadena de importación y no hacen ningún esfuerzo genuino para aumentar la producción agrícola en el archipiélago39. La burocracia neoliberal y kafkiana de las agencias de gobierno40 agrava y retrocede casi cualquier esfuerzo que se genere para alcanzar la seguridad y soberanía alimentaria puertorriqueña. Álvarez-Febles, Collazo y García-Santos están de acuerdo en que se deben reconocer estos factores multisectoriales y tener más poderes políticos, legislativos y jurídicos que nos ayuden a establecer una política pública agrícola de excelencia que nos permita alcanzar nuestra seguridad y soberanía alimentarias41.

El pan nuestro de cada día –una oración para nuestros tiempos y por nuestro pan

La falta de acceso a tierras agrícolas que tienen las mujeres está ligada con la seguridad y soberanía alimentaria. La disponibilidad de alimentos en la cantidad y calidad que cada persona necesita para vivir no está garantizada para las mujeres42. Según Zorayma Navarro, en el estudio “Behavioral Risk Factor Surveillance System” que realizó el Departamento de Salud en el 2015, se estima que el 33.2% de la población mayor de 18 años en Puerto Rico presenta problemas de inseguridad alimentaria. Hoy día, con el aumento en el nivel de pobreza y el consto de vida en nuestro archipiélago, debemos estar en un mayor riesgo de inseguridad alimentaria. Las personas con identidades de género no-normativas (heterosexualmente normativas) constantemente le son negados estos derechos a su seguridad alimentaria. A nivel mundial, la taza de pobreza, la falta de vivienda, la violencia, la inseguridad alimentaria y otras injusticias, es más alta entre las mujeres, niñas y la comunidad LGBTQ+43.

La pastora Yolanda Rodríguez-Águila ha podido observar el aumento de mujeres jefas de familia y de familias reconstituidas en el contexto rural del país. Estas mujeres usualmente tienen problema para obtener comida saludable o cualquier tipo de comida. Estas mujeres deben proveer comida para sí mismas y otras personas. En la iglesia que pastorea, muchas mujeres participan del proyecto agrícola que tienen, “La Viña del Señor”. Ellas utilizan los productos cosechados de diferentes formas. Algunos de los productos van dirigidos a personas sin comida o con dificultad para obtener sus alimentos, mientras que otra parte es vendida pro- fondos de la iglesia. También preparan diferentes platos de comida típica para las actividades de la congregación y para vender. Este proyecto ha motivado a la pastora y otras mujeres de la congregación a tener sus huertos caseros44.

Este aumento en mujeres jefas de familia y de mujeres envejecidas con problemas de acceso a alimentos también ha sido notado por la agricultora Dianali Morales Rivera. Ella, que en un tiempo decidió quedarse como “ama de casa”, o sea, alguien que trabaja sin generar un ingreso fijo, también ha experimentado discrimen al momento de buscar empleo remunerado. Cuando su hijo se graduó de escuela superior, decidió regresar a la fuerza laborar asalariada.

Fue a más de 15 entrevistas y en algunas de ellas, le dijeron que no cualificaba por ser mujer o por haberse “quedado en su casa” por demasiados años45. Este es parte del esquema capitalista y patriarcal que obliga a muchas mujeres a la famosa doble jornada: en el lugar de trabajo asalariado y en la casa/familia. En esta sobrecarga de la doble jornada, las mujeres somos obligadas a mantener el hogar (casa/familia) y a tener completa responsabilidad de cuidar a las personas más vulnerables en su familia46. Actualmente, Dianali administra una finca en la que se planifica integrar a más mujeres a la fuerza laboral asalariada y que también se sientan en la libertad de contribuir con sus ideas y experiencias. La dueña de la finca también es dueña de una panadería-repostería. En este negocio ella vende algunos de los productos cosechados por Dianali. Algunos de los productos que no cumplen con los requisitos para venderse, se utilizan para preparar algunos de los alimentos en la panadería. También proveen un espacio para que otras mujeres puedan vender o promover sus productos47. Esta atmósfera de solidaridad, sororidad, acompañamiento y empoderamiento de mujeres es bien difícil de encontrar en lugares de trabajo dirigidos por hombres cis. Pero cada vez está siendo más común en el archipiélago borincano poder encontrar estos espacios seguros para las mujeres, femmes y personas con identidad de género no-normativa.

El pan nuestro de cada día –De la seguridad a la soberanía: retos para las iglesias en Puerto Rico

Los enfoques en la producción de comida de la agroecología, agroforestería y permacultura son algunas ideas que las iglesias en Puerto Rico deberían considerar para atender la situación de seguridad y soberanía alimentaria. Como me dijo mi amiga, dentista y pastora, Yolanda Rodríguez-Águila: “La iglesia debe repensar el bien común.” No solo desde una perspectiva teológica, sino también en una forma práctica, en lo cotidiano, al “apoyar los agricultores locales, los mercados locales y mercados agrícolas, en vez de los supermercados”. Ella también recomienda que, cualquier iglesia con un pedazo de tierra disponible para sembrar, sea rural o urbana, debe hacerlo48.

Para Sary Nitza Rosario-Ferreira, Pastora Asistente en Familia y Cuidado Ministerial de la Iglesia Cristiana (Discípulos de Cristo) en Puerto Rico, la educación es un aspecto muy importante. Educar es algo que se debe hacer a todos los niveles dentro de la iglesia. Ella afirma que nosotros –la Iglesia Cristiana (Discípulos de Cristo) en Puerto Rico– necesita hablar y educarse más sobre el asunto de la seguridad alimentaria y cómo está relacionado con las mujeres, la cultura, nutrición y cambio climático. Estas son algunas de las razones por las cuáles se encuentra promoviendo nuevos en el Instituto Bíblico Juan Figueroa Umpierre. Algunos de estos cursos incluyen temas de cuidado pastoral en tiempos de cambio climático, ecoteología y ecojusticia. Ella también promueve el que las iglesias incluyan un programa agrícola si tienen algún terreno en el que puedan sembrar49.

Desde la perspectiva agroecológica, Álvarez-Febles recomienda utilizar un acercamiento de micro-adaptabilidad en varias áreas, que consideren la diversidad ecológica, geográfica y biodiversidad de Puerto Rico. Él propone lo siguiente:

  1. El uso creativo de la biodiversidad, incluyendo la diversidad genética de las especies.
  2. Promover la estabilidad agroecosistémica a largo plazo.
  3. El uso de diseños resilientes para el agroecosistema.
  4. Lograr adaptaciones micro-agrosistmémicas.
  5. El uso de adaptabilidad y diversidad tecnológica.

Esta estrategia de micro-adaptabilidad debe permitirnos alcanzar una sustentabilidad comprensiva, incluyendo los aspectos ecológicos, económicos y sociales de la sustentabilidad50. Las iglesias deben considerar usar algunas de o todas estas estrategias de micro-adaptabilidad agroecológica, especialmente si desean proveer ayuda y soluciones a las luchas diarias de las mujeres y femmes puertorriqueñas. “En nuestra sociedad, donde las mujeres tenemos roles multifuncionales, a veces no tenemos ese espacio para la seguridad alimentaria y a veces no podemos más que proveer comida enlatada”, me dijo una vez Yolanda51. Que la iglesia pueda repensar el bien común, es repensar la inseguridad alimentaria que muchas mujeres jefas de familia encuentran, resisten y enfrentan en Puerto Rico.

Desde un punto de vista político y legal, las iglesias pueden y deben participar, promoviendo cambios en los factores multisectoriales previamente discutidos. La gente puertorriqueña tiene la capacidad creativa y la inteligencia para desarrollar políticas públicas para la comida, y el desarrollo agrícola y económico que nos permitan tener un mejor país52. Según Collazo y García-Santos, debe ser prioridad desarrollar proyectos que fortalezcan nuestras comunidades rurales, incluyendo la promoción de proyectos agrícolas. Para esto, se necesita una nueva política pública que asegure la seguridad alimentaria como una necesidad. Estos autores proponen atender los siguientes temas:

  1. Recursos de agua, políticas de alimento y agricultura agroecológica
  2. Acceso apropiado a equipos y maquinarias, especialmente para la agricultura a pequeña escala o familiar.
  3. Fertilización y nutrición orgánica
  4. Mercados agrícolas regionales, comunitarios y municipales
  5. Gastronomía, agroturismo y denominación de origen (de los productos agrícolas)
  6. Regresar a un sistema de refracción agrícola
  7. Bajo leyes internacionales, iniciar un proceso de descolonización para Puerto Rico

Desde un punto de vista ecofeminista práctico y de teología de ecojusticia, la Iglesia debeparticipar en el desarrollo de políticas públicas, dejando a un lado el proselitismo religioso. La Iglesia también debe educarse y educar a sus congregaciones en estos temas, acercamientos y esfuerzos, aun cuando estos asuntos provoquen incomodidad entre algunos de sus feligreses.

Desde un punto de vista social y de ecojusticia, el concepto de permacultura podría ser considerado por las iglesias puertorriqueñas. Según el grupo Plenitud, la permacultura, como diseño científico, está guiada por tres principios éticos: cuidar la tierra, cuidar la gente y cuidar los recursos de forma justa. Este sistema de diseño está basado en valores universales, como:

  1. Trabajar en favor de la naturaleza
  2. Observar cuidadosamente y bastante
  3. Dar múltiples opciones o funciones a cada recurso
  4. Valorar los recursos naturales y tecnológicos
  5. Capturar y almacenar energía, y
  6. Colocar cada elemento en un lugar que beneficie a otros elementos

De esta manera, la permacultura intenta alcanzar la sustentabilidad al crear hábitats estables y productivos que imiten los patrones naturales y de relaciones, para así poder satisfacer nuestras necesidades de comida, fibra, energía y agua53.

Existen otros acercamientos de ecojusticia que también pueden y deben ser considerados por las iglesias en Puerto Rico, con relación al asunto de seguridad alimentaria, como lo es la economía circular. No importa cuál de estos acercamientos se escojan, la decisión debe basarse y considerar las necesidades de cada comunidad, especialmente de sus mujeres, de la niñez, de las personas envejecidas y del ecosistema.

Conclusión

La búsqueda de ecojusticia y de justicia de género –en relación con el asunto de seguridad alimentaria– debe comenzar con la cosa más elemental y universal: acceso a la comida54. Como parte de la sociedad, la Iglesia debe participar activamente, intencionalmente y con justicia. Todas las personas entrevistadas estuvieron de acuerdo en que la Iglesia debe tener un rol activo y justo en la búsqueda de soluciones a nuestro problema de seguridad alimentaria. La Iglesia debe actuar como un canal abierto55 de bendición, educación, trabajo, apoyo y acción dirigido a resolver la inseguridad alimentaria que enfrentamos como país, especialmente para las mujeres, niñas, mujeres de la tercera edad y personas con identidad de género diversa o no-normativa.

Como señala Zorayma –una no creyente–: la Iglesia tiene un compromiso con sus feligreses y su fe establece que la vida es sagrada. Si cada persona es creada a imagen de Dios, entonces cada quien debe poseer una dignidad y un valor incalculables. En el caso de las mujeres, estas han sido en gran medida las que mantienen la comunidad de la fe cristiana a través de la educación en el hogar y en su servicio comunitario. Su trabajo es de gran importancia para la iglesia. Sin embargo, han sido relegadas a posiciones relacionadas a su rol de género y su participación y responsabilidad en puestos de liderazgo queda por lo general fuera de consideración. Esto lo menciono porque en la iglesia se reflejan los mismos problemas sobre el valor de la mujer y los recursos que estas puedan alcanzar. Si en la sociedad puertorriqueña se ha constatado que las mujeres están en el grupo de mayor nivel de malnutrición y el hambre, la iglesia debería tomar acción para protegerlas. La solidaridad con uno de los grupos más afectados por la pobreza, la malnutrición y la violencia me parece que debe ser una prioridad para la iglesia cristiana. La mujer ha sido el portaestandarte de la fe, así como en su mayoría son las que han respondido a ayudar y socorrer en momentos de crisis.

Dejar que la mujer sufra de inseguridad alimentaria no solo me parece contrario a la ética cristiana sino también es contraproducente para la iglesia, ya que son ellas quienes han contribuido, en mayor medida, a mantener el espíritu cristiano en nuestra sociedad56.

  Por esto es por lo que oramos por el pan nuestro de cada día. Tenemos derecho a que nuestro pan sea diario, seguro, digno, saludable, justo y de equidad. Por ese pan trabajamos, luchamos y denunciamos como violencia de género, injusticia ecológica y social todo aquello que así nos lo dificulte o niegue.

1 Leonardo Boff, El Padrenuestro: la oración de la liberación integral (España: Ediciones Paulinas, 1982), 101. 

2 Nelson Álvarez-Febles, Sembremos a tres partes: los surcos de la agroecología y la soberanía alimentaria (Puerto

Rico: Ediciones Callejón, 2016), 18-20, 196-197, 248-256. Héctor M. Collazo & Millyvette García Santos, Sembrando

la tierra, labrando el derecho (Naguabo, Puerto Rico, 2021), 12, 34, 38, 52. Antonio Luis Negrón Cruz, “Denuncian que funcionarios incumplen deber de detener las amenazas a la seguridad alimentaria de Puerto Rico”, CyberNews, 15 de febrero de 2022, https://noticiascyber.com/denuncian-que-funcionarios-incumplen-deber-de-detener-las-

amenazas-a-la-seguridad-alimentaria-de-puerto-rico-documento/  . 

3 Mateo 6:11 (RVC)

4 Collazo y García Santos, 12-13, 34. Álvarez Febles, 165-175.

5 Collazo y García Santos, 35-38. 6 Álvarez Febles, 175-197. Collazo y García Santos, 35-38, 52.

7 Elisabeth Schüssler Fiorenza, Wisdom Ways: Introducing Feminist Biblical Interpretation (New York: Orbis Books,

2001), 208-209. 

8 Ivone Gebara, Intuiciones ecofeministas: ensayo para repensar el conocimiento y la religión (Madrid: Editorial

Trotta, 2000), 42.

9 Geraldina Céspedes Ulloa, Ecofeminismo: teología saludable para la tierra y sus habitantes (Unión Europea: PPC

Editorial, 2021), 77.

10 Céspedes Ulloa, 32. 11 Collazo y García Santos, 80.

11 Collazo y García Santos, 80.

12 Álvarez Febles, 18, 253, 286. 

13 Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), El estado de la seguridad

alimentaria y la nutrición en el mundo: fomentando la resiliencia climática en aras de la seguridad alimentaria y la

nutrición (Roma, 2018), 175. 

14 FAO, 1-27, 175. 

15 Álvarez Febles, 18-20, 286. 

16 Ibid, 19.

17 Céspedes Ulloa, 30-31. 

18 Ibid, 31. 

19 Bruce J. Malina y Richard L. Rohrbaugh, Social-Science Commentary on the Synoptic Gospels, 2nd ed.

(Minneapolis: Fortress Press, 2003), 2.

20 Ibid. 

21 Leonardo Boff, El Padrenuestro de cada día: la oración de la liberación integral (Madrid: Ediciones Paulinas, 1982), 104-110. 

22 Ulrich Luz, “Matthew 1-7: A Commentary on Matthew 1-7” in Hermeneia -a Critical and Historical Commentary

on the Bible, ed. Helmut Koester (Minneapolis: Fortress Press, 2007), 319-322. 

23 Donald A. Hagner, “Matthew 1-13” in World Biblical Commentary, vol. 33A (Dallas: Word Books, 1993), 149-150. 24 Hagner, 149. 

25 Luz, 319. 

26 Leonardo Boff, Reflexiones de un viejo teólogo y pensador (México: Ediciones Dabar, 2020), Kindle, 50-51. 

27 Malina y Rohrbaugh, 48, 333. 

28 Gary Paul Nabhan, Jesus for Farmers and Fishers: Justice for All Those Marginalized by Our Food System,

(Minneapolis: Broadleaf Books, 2021), 1-29. 

29 Ellen F. Davis, Scripture, Culture, and Agriculture: An Agrarian Reading of the Bible (New York: Cambridge

University Press, 2009).

30 Nabhan, 20ss.

31 Nabhan, 3. 

32 Malina y Rohrbaugh, 6. 

33 Nabhan, 4-5. 

34 Boff, Reflexiones de un viejo teólogo y pensador, 51. 

35 Nabhan, 6-7-

36 Néstor David Pastor, “Serán las dueñas de la tierra (Review)”, NACLA, 24 de junio de 2022.

vhttps://nacla.org/seran-las-duenas-de-la-tierra-documentary-review

37 Negrón-Cruz, “Denuncian que funcionarios incumplen deber de detener las amenazas a la seguridad alimentaria

de Puerto Rico”, CyberNews, 15 de febrero de 2022. https://noticiascyber.com/denuncian-que-funcionarios-

incumplen-deber-de-detener-las-amenazas-a-la-seguridad-alimentaria-en-puerto-rico-documento/

38 Álvarez-Febles, 196-197. Collazo y García-Santos, 371.

39  Collazo y García Santos, 370-371, 374.

40  Pastor, “Serán las dueñas de la tierra”.

41 Álvarez-Febles, 143164, 240-268. Collazo y García-Santos, 371, 403-408.

42 Céspedes-Ulloa, 29.

43 Zorayma Navarro, mensaje a la autora el 22 de julio de 2022.

44 Entrevista con Yolanda Rodríguez Águila, 1 de julio de 2022.

45 Entrevista con Dianali Morales-Rivera, 21 de julio de 2022. 

46 Céspedes-Ulloa, 33. 

47 Morales-Rivera, 21 de julio de 2022.

48 Entrevista con Yolanda Rodríguez-Águila, 1 de julio de 2022. 

49 Entrevista con Sary Nitza Rosario-Ferreira, 20 de junio de 2022. 

50 Álvarez-Febles, 238-241.

51 Rodríguez-Águila, 1 de julio de 2022. 

52 Collazo y García-Santos, 371.

53 Plenitud PR, ¡Siembra Boricua! Manual de agricultura en armonía con la naturaleza, (Colombia: Editorial Nomos,

2019), 12.

54 Céspedes-Ulloa, 29. 

55 Morales-Rivera, 21 de julio de 2022.

56 Navarro, 22 de julio de 2022.

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