EL ECUMENISMO EN AMÉRICA

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Dr. Julio Vargas

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EL ECUMENISMO EN AMÉRICA

Julio R. Vargas Vidal, PhD

Orígenes y comienzos del ecumenismo cristiano

Muchos historiadores y ecumenistas concuerdan que el movimiento ecuménico moderno comenzó con la Conferencia Mundial Misionera en Edimburgo en 1910. Por tal razón, es imperante conocer su trasfondo.

El término “ecuménico” viene de la antigua palabra griega οἰκουμένη (oikoumen, “el mundo entero”). Así se usa en el Nuevo Testamento en Mateo 24.14 y Hechos 17.31.  En  Hechos 17.16 la palabra se refiere más bien al Imperio Romano del primer siglo. Ya para el siglo IV la iglesia usó el término para hablar de los concilios ecuménicos, o reuniones de obispos y otros teólogos para tratar algunos asuntos de la fe cristiana que se estaban cuestionando. Estos concilios ecuménicos se organizaron para encontrar medios de reconciliación con aquellos grupos que se habían distanciado. Más adelante el término comenzó a referirse a la iglesia esparcida por todo el mundo. Desde el siglo VI, el patriarca y arzobispo de Constantinopla también se le conoció como el Patriarca Ecuménico. Luego, ya para los siglos XIX y XX, se comenzó a utilizar en referencia a las nuevas organizaciones cristianas que aspiraban una unidad eclesiástica.1

Lo ecuménico se distingue de lo interdenominacional o interconfesional. Según FitzGerald, estos términos se han usado en el pasado para describir principalmente las relaciones entre las iglesias protestantes. Además, también existe una diferencia entre lo ecuménico y las relaciones interreligiosas (interfaith), toda vez que lo primero se refiere a la búsqueda de reconciliación cristiana y la restauración de la unidad visible de las iglesias que comparten la fe cristiana, los sacramentos y su testimonio, y lo segundo se refiere al contacto que el cristianismo tiene con otras religiones, tales como el judaísmo y el islam.2

Para entender mejor lo que hoy se conoce como el movimiento ecuménico, es necesario describir sus orígenes y no verlo como algo aislado o propio de los últimos siglos. Desde los relatos en los Evangelios podemos ver una clara visión de apertura hacia personas fuera del entorno cercano. Algunos textos joaninos nos presentan a Jesús comprometido con la unión y la inclusividad dentro del grupo de sus seguidores (cf. Jn 10.1-21; 4.1-30), siendo quizás el más abarcador aquella porción que contiene la llamada “oración sacerdotal” (Jn 17.1-26). Jesús había orado por la unidad de sus seguidores y había relacionado la misma con su propia relación con Dios Padre y con su misión al mundo.

Luego de la ascensión de Jesús, los discípulos pudieron experimentar la universalidad del mensaje cristiano al recibir el Espíritu de Dios en Pentecostés. Más adelante, Pedro tuvo que decidir si aceptar o no como creyente al soldado Cornelio, pagano no circuncidado. El etíope bautizado por Felipe vino a convertirse en el primer hombre de otra raza que se benefició de la evangelización. Pero quizás el testimonio más convincente y documentado sea el de Pablo, apóstol a los gentiles.  Es a partir de sus cartas que se puede decir que el cristianismo no afirma  la superioridad de un pueblo sobre otro, o de una raza sobre otra. Pablo frecuentemente les pidió a los primeros cristianos que mantuvieran la fe y evitaran divisiones.

Las Cartas Apostólicas, de autorías debatibles, están dirigidas a todas las comunidades cristianas en general. Las tres epístolas del apóstol Juan abogan por la unidad de la Iglesia,

favorecen la comunión fraternal y fomentan el mandamiento del amor. La comunidad de creyentes de esta época, esparcida por varias ciudades mediterráneas, constituía en sí la iglesia en su más básica expresión. Sus miembros se centraron en Cristo y se consideraban unidos y unidas no solo por sangre y raza, sino por Cristo y sus enseñanzas. Se sentían unidos y unidas con  Cristo y con los demás. Al principio no había canon de escrituras ni organización elaborada que les uniera, salvo el momento cuando se reunían para celebrar aquello que sí les unía –la Cena del Señor. Esta celebración y acto de adoración era señal de obediencia al mandamiento de Cristo y era la más básica expresión de la vida eclesiástica. La iglesia primitiva se vio forzada a fortalecerse a la luz de las enseñanzas y prácticas apostólicas, esto como consecuencia de su obligación de mantener una unidad y poder enseñar la fe a los nuevos conversos que venían de contextos culturales diversos. Al final del siglo I se ven algunas características relacionadas  entre sí en las iglesias establecidas:3

  1. El bautismo era la entrada normativa a la comunidad de creyentes.
  2. La Eucaristía, o Cena del Señor, era el centro de la vida de la iglesia y el acto central de la adoración comunitaria.
  3. Se estableció un tipo de escala de liderazgo ministerial: apóstoles, obispos, presbíteros y diáconos.
  4. Se elaboraron breves afirmaciones credales expresando las convicciones de fe esenciales.
  5. Se llegó a un consenso de la colección de libros que vendría a componer las escrituras normativas.

Desde esta época apostólica la intención era proclamar la fe libre de distorsiones y mantener  la  unidad como símbolo de la reconciliación que se obtiene en Cristo. Cualquier división contradeciría el mensaje de reconciliación entre Dios y la humanidad y desde el comienzo la iglesia vio como trágica toda forma de división. Los primeros discípulos nunca olvidaron la oración que Jesús hizo la noche antes de su muerte (Jn 17.22-23).

Durante los primeros cuatro siglos, la iglesia se movió de los confines palestinos y el mundo monoteísta judío hacia el mundo pluralista que le circundaba. Bajo Constantino cesó la persecución a la iglesia en 311, y en 380 el emperador Teodosio proclamó el cristianismo como  la religión oficial del Imperio Romano Bizantino.  Durante este período surgió un gran número de apologetas cristianos, entre los cuales estaban Arístides, Justino de Palestina, Atenágoras, Minucio Félix, Tertuliano, Orígenes, Dionisio de Alejandría y Gregorio Taumaturgo, entre otros.

Según Parodi, los apologetas no solo se dedicaron a defender y neutralizar los argumentos adversarios y demostrar la legitimidad y validez del cristianismo, sino que procuraron mantener intactas las creencias esenciales.4 Estos intentos por unir, definir y sistematizar llegaron a su máxima expresión con los llamados Padres de la Iglesia, donde se destacan San Hilario, San Ambrosio, San Jerónimo, San Juan Crisóstomo, San Agustín y Eusebio, entre otros.

Cuando surgieron algunas enseñanzas y puntos de vista que amenazaron las de la iglesia, comenzaron a llevarse a cabo reuniones conciliares de obispos. Esta práctica se hizo común desde el siglo II y reflejaron la reunión de apóstoles en Jerusalén documentada en los Hechos de los Apóstoles. Eventualmente estos asuntos llevaron a las reuniones de obispos en Nicea en 325 y en Constantinopla en 381. A pesar de intentos anteriores por reunirse, estos dos concilios fueron luego considerados como los primeros dos concilios ecuménicos ya que reunieron a obispos de todo el Imperio Romano. En estos se condenó el arrianismo y se sentaron las bases para la estructura básica de la teología trinitaria, como luego fue expresada en el Credo Niceno.5

Desde el principio la comunidad cristiana no fue consistente ya que tenía mucha diversidad en la forma en que expresaba su fe. Fue en esta época que se demarcaron cinco patriarcados regionales dentro del Imperio Romano: Roma, Constantinopla, Alejandría, Antioquía y Jerusalén. A cada obispo de estas iglesias y ciudades se le conoció como patriarca y ejercían autoridad sobre los obispos de su región. El obispo de Roma, conocido como Papa, se le otorgó la primacía entre los obispos patriarcales.6

Este período precede el Concilio de Nicea (325), se extendió hasta el Concilio de Éfeso (431), donde se condenó el nestorianismo, y llegó al Concilio de Calcedonia (451), donde se condenó el monofisismo y sus diversificaciones.7 Es necesario notar que las primeras divisiones se dieron luego del Concilio de Éfeso (431) y del Concilio de Calcedonia (451), primordialmente debido a las diferencias entre las escuelas teológicas de Alejandría y Antioquía sobre la persona de Cristo y los términos a utilizarse para describir propiamente la relación entre su divinidad y humanidad.8 Fue aquí que se originaron las antiguas iglesias ortodoxas orientales.

Los concilios quinto y sexto, ambos celebrados en Constantinopla los años 553 y luego 680-681, trataron con los resultados de las decisiones de Calcedonia, decidiendo finalmente que, debido a las dos naturalezas, Cristo tiene dos voluntades y dos operaciones que existen en armonía en el Dios hombre. El segundo concilio de Nicea (787) condenó a los iconoclastas y afirmó la veneración moderada de imágenes. A pesar de que los concilios quinto, sexto y séptimo casi no se cuestionaron antes de la Reforma, la recepción que tuvieron en el Medievo no se compara con la que enfrentaron los primeros cuatro concilios.9

La época medieval enfrentó algunos problemas que atentaron contra la unidad y diversidad de la Iglesia. Aquí se miró al Obispo de Roma como figura estable de autoridad, desvinculada a los poderes políticos y militares, y se le identificó como Papa (Pater patrum), es decir,  Padre  de  los  padres  u  obispos.10 Durante el Medievo aumentó la tensión y el distanciamiento entre la Iglesia Ortodoxa y la Católica Romana, sobre todo entre los siglos IX-XV. Usualmente se reconoce el 1054 como el año del cisma cuando representantes de Roma  y Constantinopla intercambiaron mutuas excomuniones.11 Esto se debió primordialmente por asuntos relacionados a la procedencia del Espíritu Santo y la autoridad papal romana. El 7 de diciembre de 1965 se celebró simultáneamente en Constantinopla y Roma la ceremonia de anulación de recíproca excomunión del 1054. 12Para el Renacimiento, la sociedad fue secularizándose y desligándose de lo religioso. La Iglesia Católica y el Papa dejaron de ser la autoridad indiscutible, en parte gracias al racionalismo y la Reforma Protestante. Luego del Concilio de Trento (1545-1563), el espíritu de la Reforma y las bases de la Contrarreforma distanciaron más el catolicismo romano y el proceso de cambios doctrinales y estructurales en la iglesia, según Parodi.13 Este período se caracterizó por la actitud intransigente y racionalizada que no permitió la realización de prácticamente ningún diálogo entre las oficialidades eclesiásticas, tanto de Oriente como de Occidente. Sin embargo, sería bueno detenernos a analizar el Concilio de Trento.

El Concilio de Trento se inició en diciembre de 1545 bajo tres objetivos propuestos por el Papa Paulo III: la eliminación de las discordias religiosas, la reforma interna de la Iglesia Romana y la preparación de una expedición en contra de los infieles (turcos amenazantes). Se clausuró en 1563 luego de producir una cantidad abundante de dogmas y disposiciones disciplinarias, pero nulo en su reconciliación con la recién iniciada comunidad protestante.14

Esta época también se destacó por el despertar misionero sobre todo ligado a las recién descubiertas tierras en el Atlántico, el Pacifico y el Océano Indico. Según Luis Parodi, ese celo misionero fue el que impulsó la urgencia de un sincero entendimiento ecuménico entre misioneros e iglesias de distintas denominaciones cristianas.15

El siglo XIX vivió un espíritu de apertura religiosa que dio el espacio para algunas iniciativas, entre estas la primera organización establecida para orar por la unidad de todas las Iglesias Cristianas, fundada en 1857 y llamada la APUC (Association for Promoting the Union of Christendom). Fue la APUC la que sentó las bases para la semana de oración por la unidad de  los cristianos.

El Concilio Mundial de Iglesias (CMI)

FitzGerald ve al movimiento ecuménico como la búsqueda por reconciliación y restauración de una unidad visible en la fe, vida sacramental y testigo en el mundo, por parte de las iglesias ortodoxas, católicas romanas, anglicanas, católica antigua y la mayoría de las protestantes.16 Como hemos expuesto anteriormente, se ha dicho que el Movimiento Ecuménico tuvo sus orígenes a principios del siglo XX, especialmente con la Conferencia Universal de las

Misiones Protestantes en Edimburgo, 1910, donde se planteó el problema que suponía para la propagación de la fe y para los misioneros el hecho de que el cristianismo fuera predicado por misioneros pertenecientes a iglesias rivales y que se rechazaban entre sí. Ya este problema se había planteado en una conferencia similar en Nueva York, en 1900, donde se usó oficialmente la palabra “ecuménico”.17

Luego de los éxitos iniciales del Movimiento Ecuménico de finales del siglo XIX y comienzos del XX, incluyendo la de Edimburgo, los líderes eclesiales se pusieron de acuerdo en 1937 para crear un Concilio Mundial de Iglesias (CMI) basado en la unión de los movimientos Fe y Orden y Vida y Obra.

La primera Conferencia en Fe y Orden fue llevada a cabo en Lausana en 1927 para tratar exclusivamente asuntos de doctrina y la constitución de la iglesia. Vida y Obra comenzó en 1925 con la Conferencia Cristianan Universal en Vida y Obra en Estocolmo. Se concentró en la colaboración del laicado y amplió el apoyo y esfuerzo ecuménico hasta llegar a las universidades, gobierno y vida social.18

El CMI se estableció oficialmente luego de que culminara la Segunda Guerra Mundial, el 23 de agosto de 1948. En Ámsterdam se reunieron delegados de 147 iglesias y decidieron unir  Fe y Orden y Vida y Obra.

Pero, la idea para el CMI tuvo su génesis cuando el Santo Sínodo de la Iglesia de Constantinopla –el Patriarcado Ecuménico –se reunió el 10 de enero de 1919 y tomó una iniciativa sin precedentes en la historia eclesiástica. Allí se decidió invitar a todas las iglesias cristianas a formar una “liga de iglesias”, convirtiendo así a la Iglesia de Constantinopla la primera iglesia en planificar un órgano permanente de hermandad y cooperación entre las iglesias.19

En la Constitución elaborada en Utrecht, Países Bajos, en mayo de 1938, se discutieron tres asuntos que han sido parte fundamental del CMI desde el principio: la autoridad del CMI, su base doctrinal y la forma en que se escogerían los representantes. En torno a la autoridad, se afirmó que el CMI no tendría poder para legislar por las iglesias, o poder para comprometerles a actuar sin su consentimiento. Su base doctrinal se basó en la afirmación de fe en el Señor Jesucristo como Dios y Salvador. La representación se desarrolló por medio de un plan regional, en el cual un número de lugares sería asignado a cada región, y las iglesias miembros en esa región asignarían estos lugares como así determinaran. Desde el principio se apoyó grandemente la representación de laico y laicas.20

La Primera Asamblea se llevó a cabo el 22 de agosto de 1948 en Ámsterdam, con la participación de delegados de 147 iglesias y 44 países. Todas las confesiones religiosas  cristianas fueron representadas, excepto la Católica Romana a quien se le había invitado como observadora, pero no había obtenido permiso de la Santa Sede. Fueron representadas las iglesias ortodoxas de los cuatro Patriarcados (Alejandría, Antioquía, Constantinopla y Jerusalén), la Iglesia de Grecia y la Iglesia Ortodoxa de los EEUU, y el Exarca Ruso en Europa Occidental. Hubo representación de iglesias más jóvenes, mayormente asiáticas con una participación de 22 delegados y muy poca representación de África y América Latina. Se adoptó sin ningún problema la constitución redactada en Utrecht y se añadió entre sus funciones el rol de apoyar la iglesia en su tarea evangelística. Esta primera asamblea estableció claramente que el CMI no era una iglesia que estuviera sobre las otras iglesias. Además, estableció que esta unión estaba conectada al llamado que tenían de ser la Iglesia de Jesucristo.21 Para el CMI, el ecumenismo no era una opción; practicar el ecumenismo es obedecer a Cristo por amor al mundo y así servir como presencia de Dios y símbolo de su compasión para todas las naciones.

Concilio Vaticano II

Convocado en 1962 por el Papa Juan XXIII, y finalizado en 1965 por el Papa Pablo VI, esta asamblea fue calificada como extraordinaria en parte por el llamado que hizo al ecumenismo y al diálogo respetuoso con el mundo cristiano y no cristiano. El Dr. Parodi lista algunas de las aportaciones mayores que el Concilio Vaticano II hizo al ecumenismo, a saber:

  1. La constitución Lumen gentium sobre la Iglesia en su naturaleza y misión de cuerpo místico de Cristo y comunidad del pueblo de Dios.
  2. El decreto Unitatis redingeratio que restauraba la unidad entre los cristianos sobre las bases del ecumenismo.
  3. Declaración Nostra aetate sobre las relaciones de la Iglesia Católica Romana con las religiones no cristianas.
  4. Declaración Dignitatis humanae sobre la libertad religiosa.22

De todos estos documentos conciliares, Unitatis redingeratio (dado a conocer el 21 de noviembre de 1964) se relaciona directamente con el ecumenismo. Entre sus postulados se encuentra como propósito mayor el restablecimiento de la unidad cristiana, a pesar de la multiplicidad de comunidades cristianas. A raíz de este documento, el Concilio Vaticano II definió lo que entendía era el movimiento ecuménico: algo único, el cual no puede ser arrebatado por una iglesia en particular, poniendo en desventaja a otras; se trata de guardar el equilibrio entre los derechos de cada iglesia y el respeto.23

A pesar de que la Iglesia Católica no es miembro del Concilio Mundial de Iglesias, sí se ha pronunciado a favor del ecumenismo en muchas ocasiones. En 1986, la publicación Theologische Quartalschrift publicó una edición sobre el estado actual del ecumenismo. A tales efectos se invitó al entonces Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Joseph Ratzinger, a colaborar en la misma. Ratzinger escribió una carta al editor, Prof. M. Seckler, donde esbozó algunas de sus ideas en torno al progreso del ecumenismo. Esta carta luego formó parte del libro Church, Ecumenism, & Politics. A continuación, alguna de las ideas de Ratzinger (actual Papa Benedicto XVI) en torno al progreso ecuménico.

Reflexionando sobre los pasados veinte años luego de que terminara el Concilio Vaticano II, Ratzinger reconoció muy útil la opinión de Oscar Cullmann, teólogo luterano que sirvió de facilitador en el diálogo luterano-católico romano. Cullman afirmó, y Ratzinger reconoció, que  la unidad se podía lograr por medio de la multiplicidad y por medio de la diversidad. Ratzinger reconoció que, si bien las divisiones duelen, se puede llegar a una felix culpa, una culpa feliz, si la hostilidad se remueve lentamente y si a través de la aceptación mutua se ve la diversidad no como empobrecimiento sino como riqueza.24

En esta carta Ratzinger propone buscar la unidad cristiana a través de la diversidad, aceptando aquello que rinda frutos en las divisiones, desintoxicándolas y recibiendo lo positivo que salga de dicha diversidad, todo en aras de que la división cese de ser división y sea solo una polaridad sin contradicción. Por otro lado, Ratzinger reconoció que la unidad solamente la puede dar Dios, citando así a Philipp Melanchthon cuando expresó “ubi et quando visum est Deo” (donde y cuando Dios crea). De esta forma afirma que no hacemos la unidad, pero no quiere decir que nos sentemos sin hacer nada. La unidad consta en recibir constantemente de parte del otro tal y como el otro es –respetando lo que es. Ratzinger reconoció también que ya existen maneras en las que la unidad se está practicando, a saber: leemos la Biblia en unidad como la Palabra de Dios, compartimos la profesión de fe en el Dios Trino, en Jesucristo como verdadero Dios y verdadero hombre, al igual que en el bautismo y en el perdón de pecados; tenemos en común la forma básica de oración al igual que el reconocimiento ético que tiene el Decálogo. 25

Ratzinger hizo un llamado en esta carta a los católicos a no forzar a los protestantes a reconocer el papado y su entendimiento de la sucesión apostólica. Por otro lado, les pidió a los protestantes a no presionar a la Iglesia Católica a que permita el compartir la Comunión basándose en su entendimiento de lo que es la Cena del Señor. Para Ratzinger el respetar aquello que ambos lados consideran esenciales no retrasa la unidad –este respeto es un prerrequisito para la llegar a la unidad. Él consideró que se debe pausar respetuosamente ante la presencia de estos “esenciales”, y que esto producirá en nosotros más caridad y más proximidad, contrario a la actitud insistente de resistencia y aversión. Finalmente, en una nota muy pastoral, Ratzinger reconoce una vez más que al final Dios es quien logrará esta unidad. Él ve todo el movimiento ecuménico como un intento de dejar que Dios haga su trabajo. La humanidad debe hacer y  sufrir, actuar y ser paciente, y si se cruza alguna de estas fronteras, se echa todo a perder.26

Esta definición de ecumenismo es bastante paralela con la dada por W.A. Visser ‘t Hooft en su libro sobre el origen del Concilio Mundial de Iglesias: “El ecumenismo real presupone un respeto por las creencias de aquellos con los cuales entramos en diálogo, tratando estas creencias no como cortinas de humo ideológicas sino como convicciones reales”.27

Esfuerzos en América Latina

Según Carmelo Álvarez, el primer acercamiento para abordar asuntos misioneros cooperativos en América Latina se dio con la creación del Comité de Cooperación en América Latina, en 1913. La creación de este comité surgió cuando la Conferencia de Edimburgo (1910) no le dio prioridad a la evangelización de América Latina.28 A continuación un resumen somero de los esfuerzos ecuménicos latinoamericanos y caribeños del siglo 20.En 1913 la Conferencia de Misiones Foráneas de Norteamérica (Foreign Conference of North America) planteó la necesidad de organizar un congreso sobre el trabajo misionero. El mismo se llevó a cabo en Panamá en 1916, siendo la cooperación misionera el eje central de las discusiones. Luego se llevaron a cabo conferencias sucesivas a nivel regional y continental, a cargo del Comité de Cooperación en América Latina (CCAL). El Congreso de Panamá de 1916 estableció pautas para la delimitación territorial, el arbitraje, el mejor uso de los recursos para evitar la duplicidad y un principio de ocupación dentro de un marco de planificación. Álvarez documenta que a pesar de que estos intentos fueron más de índole misionera, estos sí tenían carácter ecuménico ya que diferentes ramas protestantes trabajaron juntas y en unidad. Sin embargo, Álvarez opina que a nivel ecuménico el trabajo fue mucho más lento, a excepción del trabajo juvenil sobre todo en el Cono Sur. Esto se debe en parte a la crisis económica mundial a raíz de la gran depresión de los años 30. Fue entonces que a partir de 1941 se ve la fundación de la Unión Latinoamericana de Juventudes Evangélica (ULAJE). En 1968 se llevó a cabo la Conferencia del Episcopado Latinoamericano (CELAM) en Medellín, Colombia, la cual fue de gran importancia en todo el movimiento ecuménico latinoamericano y caribeño. Su énfasis fue asumir la realidad social y política latinoamericana y caribeña al analizar los planteamientos emanados del Concilio Vaticano II (1962-1965). En 1961 se creó la Comisión Evangélica Latinoamericana de Educación Cristiana (CELADEC) la cual diseñó y produjo materiales educativos con énfasis ecuménico. La Comisión Provisional pro Unidad Evangélica Latinoamericana (UNELAM) se creó en 1964, en Montevideo, Uruguay, para canalizar todas estas corrientes y promover más la unidad. La UNELAM se reunió en Oaxtepec, México, en 1978, concluyó sus funciones y se decidió establecer lo que se convertiría en Perú, en 1982, en el Consejo Latinoamericano de Iglesias (CLAI).29

La Conferencia de Iglesias del Caribe (Caribbean Conference of Churches –CCC) ha sido otro proyecto ecuménico que se fue forjando por varias décadas en el Caribe, sobre todo en las regiones de habla inglesa. La CCC fue fundada en Kingston, Jamaica en 1973.30

Álvarez destaca además las iniciativas de consulta y coordinación que llevaron a cabo, a partir de 1948, un importante grupo de agencias paraeclesiales a raíz del 25to aniversario de la fundación del Seminario Bíblico Latinoamericano de San José, Costa Rica. Gracias a esto surgieron organismos que buscaron mayor unidad y coordinación en la estrategia misionera, entre estos Literatura Evangélica para América Latina (LEAL), Difusiones Interamericanas (DIA), Evangelismo a Fondo (EVAF), Consulta sobre Evangelización (CLASE) y la Fraternidad Teológica Latinoamericana (FTL).31

Rubén Pérez Torres destaca que el movimiento ecuménico moderno prácticamente refleja una visión mayormente europea y norteamericana. A tales efectos, él sugiere contextualizar el ecumenismo a la realidad latinoamericana y caribeña por medio de los siguientes puntos:

  1. El aprecio y respeto profundo por nuestras etnias.
  2. La valoración de nuestras historia y cultura, la cual incluye los idiomas, música, costumbres, tradiciones y religiosidad.
  3. La estimación de nuestra expresividad latina y camaradería familiar.
  4. El cultivo de nuestra identidad y lazos caribeños y latinoamericanos.
  5. La afirmación de nuestros propios valores éticos espirituales.
  6. El fomento de la unidad y la perdurabilidad de la familia.
  7. El apoyo y desarrollo de todo ser humano, particularmente de la niñez, juventud y la mujer.32

Finalmente, Álvarez destaca la labor ecuménica latinoamericana desde el contexto hispano de los Estados Unidos. Debido a la diversidad religiosa existente en este país, ha sido imperativo desarrollar proyectos y organizaciones con estrategias y programas con dimensión ecuménica. Estos comenzaron a plasmarse ya desde la década del 1990. El Programa Hispano  de Verano (Hispanic Summer Program) tuvo desde sus inicios en 1997, bajo el liderazgo del Dr. Justo L. González, una clara propuesta ecuménica. La Iniciativa Teológica Hispana (Hispanic Theological Initiative) comenzó en 1996 y ha sido un proyecto de educación teológica que complementa el Programa Hispano de Verano. Esta iniciativa es un consorcio de educación teológica ecuménica que abarca lo multiétnico, multicultural y multidenominacional. Actualmente la sede de este programa se encuentra en el Seminario Teológico de Princeton. En agosto de 1991 surgió la Asociación para la Educación Teológica Hispana (AETH), gracias al 1er Encuentro de Educadores Teológicos Hispanos. Este organismo tiene entre sus objetivos el fortalecimiento de los programas de educación teológica hispana en Estados Unidos, Canadá y Puerto Rico y el establecimiento de vínculos entre seminarios, colegios e institutos bíblicos.33

Esfuerzos en los Estados Unidos

A mediados del siglo XX, específicamente en el 1950, se fundó el Concilio Nacional de las Iglesias de Cristo en los EEUU (National Council of the Churches of Christ in the USA). El mismo fue una coalición entre el Concilio Federal de Iglesias (formado en 1908) y otras organizaciones ecuménicas que incluían al Concilio Internacional de Educación Religiosa (formado en 1905). Pronto se convirtió en la principal fuerza de cooperación ecuménica entre el mundo cristiano en los EEUU. El CNI abarca una membresía compuesta por iglesias protestantes, anglicanas, ortodoxas, evangélicas, pacifistas y africanas americanas. Actualmente incluye más de 100,000 congregaciones locales, 45 millones de personas y una colaboración ecuménica con 36 comunidades de fe cristiana.34

Entre los esfuerzos recientes dirigidos hacia un diálogo ecuménico e interreligioso, se encuentra el Primer Diálogo Interreligioso de Casa Blanca. Durante los días 23 -26 de octubre  de 2010, bajo el tema “Better Together”, se llevó a cabo este evento en la capital norteamericana. Su objetivo principal fue buscar la unidad entre las distintas tradiciones de fe con el propósito de que trabajen juntas en proyectos sociales mediante el desarrollo de eventos educativos y de formación académica en las universidades.35

El 18 de noviembre de 2010, en Baltimore, Maryland, la Conferencia Episcopal de Estados Unidos aprobó un acuerdo en el cual se reconoce como válido el bautismo de cuatro comunidades cristianas de la tradición reformada. Luego de seis años de estudio y debates, representantes de la Conferencia Episcopal de EEUU, la Iglesia Presbiteriana de EEUU, la Iglesia Reformada de América, la Iglesia Reformada Cristiana y la Iglesia Unida de Cristo votaron por el Acuerdo Común de Reconocimiento Mutuo del Bautismo. Monseñor Wilton Gregory, arzobispo de Atlanta y presidente del USCCB Committee for Ecumenical and Interreligious Affairs, afirmó que esta votación supone “un hito en el viaje ecuménico”. Explicó además que el acuerdo “permitirá a los ministros católicos presuponer que el bautismo realizado en estas comunidades es ‘verdadero bautismo’ como se entiende en la doctrina y en la ley católicas”. “La presentación de un certificado de bautismo por parte de los cristianos reformados que deseen entrar en plena comunión con la Iglesia Católica, o casarse con una católica, asegura a los ministros católicos que el bautismo, realizado por un ministro de la Reforma, implicó el uso de agua corriente, y la invocación bíblica de Dios como Padre, Hijo y Espíritu Santo”, dijo Mons. Gregory. Además, afirmó que los católicos y los cristianos reformados han dado un paso de acercamiento a esa plenitud de la comunión que se realizará, en obediencia a la oración del Señor – ‘Padre, que todos sean uno’ – en ese día en el que puedan celebrar juntos en unidad de fe y ministerio en la única mesa de la Eucaristía.36

Esfuerzos en Puerto Rico

Una vez ocurrió la invasión norteamericana y el cambio de soberanía en 1898, las juntas misioneras de cuatro denominaciones estadounidenses (bautistas, congregacionales, metodistas episcopales y presbiterianos) dividieron el mapa de Puerto Rico en cuatro campos misioneros.  Ya para el 1912 existía un total de 267 escuelas dominicales, 199 iglesias organizadas y 157 ministros. En el 1906 se constituyó la Federación de Iglesias Evangélicas de Puerto Rico (FIEPR) en un intento por auspiciar proyectos interdenominacionales. Desde principios de siglo ya se veían frutos de iniciativas ecuménicas, tales como el Hospital Presbiteriano, (San Juan, 1901), el orfanato George O. Robinson de varones (San Juan, 1902) y el de niñas (Hatillo, 1911), el Instituto Blanche Kellogg (San Juan, 1905), la “Marina Neighborhood House” (Mayagüez, 1907), la revista Puerto Rico Evangélico (revista oficial de la FIEPR, 1912), el Instituto Politécnico (San Germán, 1912), el YMCA (San Juan, 1913), el Hospital Ryder Memorial (Humacao, 1917), la Union Church (San Juan, 1917), el Seminario Evangélico de Puerto Rico (Río Piedras, 1919), el Villa Robles Training School (Río Piedras, 1923) y la Academia Bautista de Barranquitas (1926).37

Entre los primeros esfuerzos ecuménicos puertorriqueños se encuentra el establecimiento de iniciativas de educación teológica.  En 1906 la Iglesia Presbiteriana estableció en Mayagüez el “Presbyterian Training School”, que más tarde se llamó Seminario Teológico Portoricense.  Sin embargo, los bautistas, discípulos de Cristo y metodistas también habían fundado pequeñas escuelas denominacionales dirigidas para educar a su pastorado. Pero, en 1919 cada una de estas denominaciones decidió tomar un salto de fe al cerrar sus respectivas instituciones educativas para juntas fundar lo que se convirtió en el Seminario Evangélico de Puerto Rico (SEPR), un genuino seminario interdenominacional.  Todavía  a principios de la década de 1940, el SEPR  era el único seminario protestante en Puerto Rico. Desde su fundación, el SEPR ha gozado de participación interdenominacional en su presidencia, facultad y administración.38

La Universidad Interamericana de Puerto Rico fue fundada en 1912 por el Rvdo. John Will Harris, ministro de la Iglesia Presbiteriana. A pesar de que estuvo ligada a dicha denominación, en la actualidad mantiene una asociación histórica, amistosa y enriquecedora con la misma y con otros grupos cristianos, a tono con un espíritu ecuménico. A tono con esto, la Junta de Síndicos, en reunión ordinaria del 17 de diciembre de 2010, aprobó su definición conceptual oficial de ecumenismo cristiano39:

La Universidad Interamericana de Puerto Rico cree en el Cristianismo como su fundamento teológico religioso. Nuestra Institución entiende y cree que la fe que profesamos está fundamentada en nuestras raíces cristianas y los valores cristianos que nos identifican entre las demás instituciones de Educación Superior en y fuera de Puerto Rico.

Nuestra definición sobre el ecumenismo cristiano está cimentada en la persona, obra y ministerio de Jesús de conformidad con las Sagradas Escrituras. Por lo tanto, el ecumenismo cristiano para nosotros, es la oportunidad de proveer un ambiente de espiritualidad en el cual la figura central de nuestra fe es Jesús. Esa oportunidad se extiende desde nuestra práctica religiosa hasta la docencia. No  es un proceso proselitista, más bien es el espacio para promover los valores del Reino, tales como: amor, paz, armonía, tolerancia, justicia, perdón y misericordia hacia la capacitación de seres humanos que buscan una educación superior integral.

Toda persona puede estudiar en nuestra Universidad sabiendo de antemano que nuestra Institución tiene una visión, misión y valores definidos. Ello implica que no estará obligada a participar de nuestras prácticas religiosas por respeto a sus creencias, pero tendrá la oportunidad de experimentarlas durante su carrera universitaria. Nuestra Institución reconoce la existencia de múltiples  experiencias religiosas en la diversidad de personas, pero el permitir que cada experiencia imponga sus criterios llevaría la Institución a un sincretismo religioso que desvirtuaría el origen cristiano de nuestra Universidad y la misión educativa que nos distingue.

Es por eso, que esta definición de ecumenismo cristiano en la Universidad Interamericana de Puerto Rico respeta el derecho que tiene toda persona a educarse en nuestra Institución salvaguardando su libertad de creencia religiosa. De igual forma toda nuestra comunidad universitaria conocerá que la práctica religiosa de la Universidad estará sujeta a los postulados básicos de la fe cristiana y los valores cristianos institucionales.

Conclusión

Sería ilusorio pensar que el mundo habitado pudiera llegar a pensar de una misma manera preestablecida por un solo organismo. En Marcos 9.38-40, vemos cómo Jesús les aplicó a sus discípulos una enseñanza. Estos le habían prohibido a un individuo, el cual no pertenecía al círculo de los doce, a hacer prodigios en el nombre de Jesús. El Maestro les corrigió,  diciéndoles: “No se lo prohíban, ya que no es posible que alguien haga un milagro en mi nombre y luego habla mal de mí. El que no está contra nosotros, está con nosotros”. Esta enseñanza es evangélica, cristiana y demuestra una clara apertura ecuménica.

El ecumenismo no requiere uniformidad de ritos, costumbres, criterios de juicios morales y otros elementos; requiere tolerancia, respeto y aprovechar aquello que une a favor del bien por la humanidad. Trabajar ecuménicamente no requiere que todos los sectores opinen de la misma manera ni vean las cosas de un único punto de vista oficial.

El ecumenismo ha demostrado ser posible, sobre todo si se toman en consideración algunos asuntos que el Dr. Parodi señala:40

  1. No se debe tratar de convencer a los demás de sus errores ni de buscar ventajas históricas, logísticas o económicas.
  2. No se debe tratar de obligar, bajo amenaza de perdición, a convertirse a una determinada creencia religiosa.
  3. No se debe creer que nuestra religión o tradición es mejor que las demás.
  4. No se deben mezclar elementos culturales diferentes ni armonizar postulados filosóficos y dogmas religiosos doctrinales opuestos.
  5. Todo ser humano, no importa su religión o fe, merece respeto, seguridad, reconocimiento, mejoramiento individual y colectivo, y esta búsqueda debe producir armonía y paz en la aceptación amorosa de Dios.

El mundo cristiano no puede invocar a Dios, Padre de todos y todas, si se niega a conducirse fraternalmente con el resto de la humanidad, creada a imagen de Dios. La relación  del ser humano para con Dios y el resto de la humanidad debe estar unida de tal forma como dice la Escritura: “el que no ama no ha conocido a Dios” (Jn 4.8).

1 Thomas E. FitzGerald, The Ecumenical Movement: An Introductory History (Westport, CT: Praeger Publishers,
2004, Kindle Edition), Locations 88-97.

2 Ibid., Locations 101-118.

3 Ibid., Locations 366-375.

4 Luis M. Parodi, Ecumenismo: Confluencia de valores –identidad en la variedad y solidaridad (Hato Rey, PR: Publicaciones Puertorriqueñas, 1997), 85.

5 Global Dictionary of Theology, s.v. “Ecumenical Councils”.

6 FitzGerald, The Ecumenical Movement: An Introductory History, Location 414.

7 Parodi, Ecumenismo, 88.

8 FitzGerald, The Ecumenical Movement: An Introductory History, Location 517.

9 Global Dictionary of Theology, s.v. “Ecumenical Councils”

10 Parodi, Ecumenismo, 90-91.

11 FitzGerald, The Ecumenical Movement: An Introductory History, Location 597.

12 Parodi, Ecumenismo, 137.

13 Ibid., 113.

14 Ibid., 116.

15 Ibid., 120.

16 FitzGerald, The Ecumenical Movement: An Introductory History, Location 64.

17 Parodi, Ecumenismo, 126.

18 World Council of Churches, “Online Queries to WCC Archives”, World Council of Churches,
http://archives.oikoumene.org/query/Detail.aspx?ID=40907 (visto el 7 de enero de 2011)

19 W.A. Visser ‘t Hooft, The Genesis and Formation of the World Council of Churches (Geneva: World Council of Churches, 1982), 1.

20 Ibid., 48-50.

21 Ibid., 63-69.

22 Ibid., 134.

23 Ibid., 136.

24 Joseph Ratzinger (Pope Benedict XVI), Church, Ecumenism, & Politics: New Endeavors in Ecclesiology (San
Francisco, CA: Ignatius Press, 2008), 135.

25 Ibid., 135-137.

26 Ibid., 137-138.

27 Hooft, The Genesis and Formation of the World Council of Churches, 84.

28 Carmelo Álvarez, Introducción a la unidad cristiana (Nashville, TN: Abingdon Press, 2010), 57.

29 Ibid., 58-61.

30 Ibid., 61-62.

31 Ibid., 63-64.

32 Rubén Pérez Torres, Fe en búsqueda de nuevos entendimientos: Una introducción al estudio de la religión cristiana, eds. Guillermo Ramírez Muñoz, David Hernández Lozano y Héctor López Sierra (San Juan, PR: Thomson Learning, 1997), 136-137.

33 Álvarez, Introducción a la unidad Cristiana (Nashville, TN: Abingdon Press, 2010), 68-71.

34 National Council of Churches USA, “NCC at a Glance: Who Belongs, What We Do, How Do We Work
Together”, National Council of Churches USA. http://www.ncccusa.org/about/about_ncc.html (visto el 6 de enero de 2011).

35 Rafael Hiraldo Román, Hablemos, Volumen 4, Número 4 y 5, 2010 (Recinto de Fajardo de la Universidad
Interamericana de Puerto Rico, 2010).

36 ZENIT, “Obispos de EEUU firman acuerdo sobre bautismo con Iglesias de la Reforma”, ZENIT,
http://www.zenit.org/article-37319?l=spanish (visto el 6 de enero de 2011).

37 Michael Domenech del Pilar, Un ministerio transformador: el Seminario Evangélico de Puerto Rico, ed. Lester McGrath-Andino (San Juan, PR: Seminario Evangélico de Puerto Rico, 1998), 104-109.

38 Ibid., 109-116.

39 Certificación de Resolución Núm. 14-2010-2011: AAE/VR, Universidad Interamericana de Puerto Rico, Junta de Síndicos, aprobada el 17 de diciembre de 2010.

40 Parodi, Ecumenismo, 152-153.

Bibliografía

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Ecumenismo, protestantismo y liderazgo”, en Un ministerio transformador: el Seminario Evangélico de Puerto Rico, ed. Lester McGrath-Andino, pp.103-124, San Juan, PR: Seminario Evangélico de Puerto Rico, 1998.

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